Pienso que en general la infancia está repleta de acontecimientos raros y sorprendentes, de los que uno como niño no siempre es capaz de darse una explicación muy lógica, quizás porque todavía se es demasiado pequeño o porque hay mayores involucrados y aún no puedes comprender bien sus intenciones.
Estando yo en séptimo de EGB, un día llegue a clase y me senté con mi sempiterna compañera de pupitre a encarar la mañana. Para mí el colegio era lo más: yo me levantaba por las mañanas súper motivada,
me encantaba ir a clase y encontrarme a mis amigas, flirtear a mí manera con el que me gustaba de toda la vida y pelotear a los profes. Aún a veces revivo ese entusiasmo febril que me embargaba, la emoción de mis días y de mis pequeñas aventuras, que todavía
transcurrían a salvo de futuras desavenencias.
El caso es que ahí estaba yo una de tantas mañanas, cuando por la puerta entra la profe de Lengua y observo cómo me mira mientras se sienta en su mesa. Supongo que me inquieté, o quizás me quedé igual
asumiendo que lo normal era que se fijara en mí. Al ver que yo le devolví la mirada me soltó: “Cecilia: a ver si hoy te estás tranquilita, que esta noche he soñado contigo y no veas….”. ¡Vaya! Me quedé de piedra. Por aquella época yo ya consideraba los sueños
un asunto muy serio, y doy fe que en aquella clase ni me moví y hablé lo justo. De vez en cuando miraba de reojo a Amparo Berrocal (así se llamaba mi profe) para ver si podía adivinar algo sobre aquel misterioso sueño. No tengo claro qué pensé, pero sí sé que
el asunto me dejó preocupada y enferma de curiosidad.
Es así, siempre nos sentimos dueños de aquellos sueños en los que aparecemos, aunque no los soñemos nosotros. Pero en aquel caso, la prudencia me aconsejó no preguntarle directamente.
Meses más tarde, en las vacaciones de verano, mi desatendida curiosidad encontró una vía para vengarse. Así las cosas, estando en la casa de veraneo
de mi abuela, una noche soñé que entraba al cuarto de baño de mis padres y veía a Amparo Berrocal duchándose. Se estaba enjabonando la cabeza y cerraba los ojos para que no le entrara el champú, de tal manera que ella no podía ver cómo yo la espiaba…Me desperté sobresaltada y queriendo restarle hierro al asunto, había irrumpido en la intimidad de mi profesora, pero solo había sido un sueño.
Aquel verano en el que cumplí trece años fue un verano distinto a los anteriores. Por un lado, tal y como mi abuela se encargó de anunciar a todo el que quisiera escucharla, me hice mujer; pero por otro
lado, también nos cambiamos de casa y dejamos Valencia y la que había sido la casa y el barrio de los últimos años con el consiguiente cambio de amigos y entorno. A mi hermano, como era aún pequeño lo cambiaron a otro cole que estaba cerca de nuestro nuevo
hogar, pero mis padres tuvieron el detalle de dejarme terminar EGB en el mismo colegio donde había estudiado siempre y así, en septiembre, volví a mi colegio para terminar octavo de EGB.
Al finalizar el curso, Amparo Berrocal nos regaló un libro a cada alumno. Había dos libros distintos: uno de poemas de Machado y otro titulado Mujeres. A mí me
dio un ejemplar de Mujeres. Esta mañana me he levantado pensando que estas Navidades, cuando vuelva a casa de mi madre, pienso releerlo, a ver si ya de una vez por todas, estoy preparada para descubrir
lo que había en ese sueño.

Qué bonito evocar la infancia...y recuperar algo de lo que tal vez vivimos...dado que lo que "realmente vivimos" es tan difícil e imposible de aprehender?!.
ResponderEliminarLeyendo éste capítulo he sonreído en más de una ocasión, y es que en más de un aspecto (y no sólo el de haber compartido cole y aula) me he sentido identificada; por ejemplo: cuando los adultos, sin ponerse en la piel de "la niña-mujer" proclaman orgullosos el inicio de nuestra madurez biológica ;-)...la otra MADUREZ nunca se alcanza, sino que se va transitando.
Para acabar: no sólo los sueños nos sorprenden también, entre otro material, los lapsus....y es así que me pregunto por qué habrá escrito AMARO (al referirte a Amparo duchándose).
"Amaro": nombre masculino. Planta herbácea muy ramosa, de hojas grandes, acorazonadas en la base, de margen recortado y cubiertas por un vello blanquecino y flores blancas, con un viso morado que desprenden un olor muy fuerte".
Difícil llegar a descubrir o desvelar todo lo que nos acontece...aunque a mí también me has despertado la curiosidad, y también revisaré la dedicatoria que Amparo nos escribió a cada uno en ese librito, creo recordar a mí también me tocó el de "Mujeres"!.
Un abrazo fuerte, de mujer a mujer...o de niña a niña!!