La obra de Julia Fullerton Batten está dividida por series de composiciones fotográficas, unidas cada una por una temática, pero englobadas todas ellas por el sello personal de esta fotógrafa, su técnica y su estilo.
Trataremos de acercarnos a una comprensión más profunda de su obra, a partir de tres de sus series: In Between, Teenage Stories y School Play, apoyados en el artículo de S. Freud, Lo siniestro, 1919.
Freud se aproxima a lo siniestro, primero de todo, tratando de buscarle un sitio entre el espectro de los sentimientos, para luego darle un lugar en la génesis. Pues bien, lo siniestro, estaría entre la angustia y el terror, y su seña particular es que se desencadena cuando las leyes del intelecto se ven cuestionadas por otro sistema de pensamiento: el infantil.
Digamos que la artista concentra todos los elementos que se requieren para despertar lo siniestro: hiperrealismo y cotidianidad junto con la alteración de alguna ley fundamental de nuestro sistema de pensamiento actual. Con lo que el espectador es engañado en su juicio de realidad. Es muy importante señalar que dentro de las artes plásticas, sólo la composición fotográfica permite emerger con tanta intensidad, ya que cuando nos movemos dentro del terreno de la pintura, desde el inicio sabemos que asistimos a una creación artística y por tanto alejada de la realidad. Sin embargo, la fotografía es fantástica y es real, nos da una base muy propicia para dejarnos engañar.
En su artículo sobre lo siniestro, Freud comienza buscando la raíz de la palabra en alemán “Umheinlich” para llegar a la conclusión de que lo Heimlich (conocido, familiar, doméstico, de confianza, íntimo) pertenece a dos tipos de representaciones totalmente opuestas: lo conocido y familiar versus lo clandestino y oculto. Llegando al punto de que el significado de Heimlich ha podido confundirse con el de su opuesto Umheinlich, más que confundirse, la palabra alemana Heimlich ha sido utilizada indiferenciadamente.
Punto de partida de Freud, para poder explicar que ambos significados tienen el mismo origen. Y que lo siniestro se gesta en lo cotidiano.
Y es que en un principio gobernaba un sólo sistema de pensamiento, el de la omnipotencia, en el que volar era posible, en el que creímos que en una fuerza superior capaz de conjurar la muerte, donde no hay barreras entre lo animado y lo inerte, donde las transformaciones espacio y tiempo no estaban sometidas a ninguna ley. Más tarde, y empujados por la fuerza de la realidad, nos vimos obligados a desalojar este sistema por el del juicio científico, el de la razón. Freud matiza y pone el énfasis en el término de represión como desalojo de estos contenidos y no la cancelación de los mismos. Lo que viene a aclarar que éstos siguen estando presentes, pero que se ven reducidos, minimizados en nuestros procesos de pensamiento.
La aparición de lo siniestro es el resultado de un error de pensamiento. Si bien, algo de la realidad externa o interna, viene a cuestionar la primacía del pensamiento racional. Primacía de un pensamiento que está puesta en jaque, y que con la aparición de lo siniestro, se pone de manifiesto un conflicto entre dos categorías de pensamiento. Como bien, aclara Freud, si no quedara los restos de ese convencimiento de lo infantil, no aparecía el sentimiento de desagrado, de inquietud, que representa lo siniestro.
Pasaremos a mirar con detenimiento cada una de estas series de composiciones fotográficas:
In Between es una serie cuyas protagonistas son mujeres, adolescentes que levitan en escenarios interiores, suspendidas en un tiempo y rodeadas de lo cotidiano. Los objetos que las acompañan son diversos, pero todos pertenecientes al mundo familiar: espejos, vajillas, peluche, o un vaso de leche. Ellas, heroínas del instante que vencen la fuerza de la gravedad para llegar hasta el espectador, suspendidas en el aire.
Hay dos factores fundamentales para la aparición de lo siniestro. El primero, y más evidente, es el de trasgredir la fuerza de la gravedad. Cualquier adulto con suficiente memoria infantil puede recordar con qué fuerza fantaseó alguna vez que podía volar, que podía dominar el espacio. Muchos niños sueñan con eso.
El segundo factor es el escenario de la adolescencia. Si bien, durante esta época hay una lucha intensa por reafirmar la victoria del pensamiento racional, el adolescente aún sigue próximo -por lo menos en el tiempo- al reino infantil, su sistema de pensamiento está desalojando, reprimiendo, contenidos infantiles. Sin embargo, hay situaciones en las que por asociación o similitud, pueden atraer a la conciencia parte de esos contenidos reprimidos, despertando de nuevo esa sensación de extrañeza dentro de familiar.
Como se ha comentado antes, uno de los componentes que facilitan en esta obra la aparición de lo siniestro, es el escenario familiar e hiperrealista. Pero, en In Between, esta fuerza es aún mayor, dado que los interiores pertenecen a casas, donde lo íntimo de una habitación nos transporta a una atmósfera familiar, caldo de cultivo, de los complejos infantiles reprimidos y reactivados durante la adolescencia.
School Play o la alteración de la repetición. Otro de los puntos donde se apoyará Freud para explicar el origen de lo siniestro, es en el personaje del doble y la repetición. En cada fotografía de esta serie, volvemos a ubicarnos en un entorno conocido: la escuela. Hábilmente la artista rescata la parte más familiar de este contexto, como es el comedor, la biblioteca o el gimnasio. Ahora por cada foto, hay entorno a veinte chicas que a primera vista parecen la misma, sin embargo, si se les dedica unos instantes, el espectador comprueba que son diferentes. Aunque lejos de tranquilizarnos, continuamos preguntándonos el sentido de tal concentración de púberes cortadas por el mismo patrón, compartiendo espacio y tiempo. A pesar de los rostros serenos, la tensión reina en el ambiente y la inquietud de lo siniestro campa a sus anchas.
A partir de un trabajo de Otto Rank de 1914, Freud reflexiona acerca de lo ominoso que hay en el doble. Éste viene a negar la castración, la posibilidad de su existencia abre la puerta a la negación de la muerte. Es una especie de seguro de vida dentro de nuestro narcisismo primario, de nuestro amor propio de niños. Sin embargo, cuando superamos esta fase, el doble se convierte en lo contrario, y es el anunciador de la muerte. Una vez más, vemos como lo siniestro nace de lo que una vez convivió con nosotros, pero retorna con otro signo. Cómo lo Heimlich y lo Umheinlich vuelven a ser uno.
La repetición es fuente de nuestra vida pulsional, felizmente reconducida por la cultura en el mejor de los casos, pero en todos ellos acechados por esta fuerza. En estas composiciones esta fuerza nos golpea no tanto por el contenido de la representación sino por la cantidad de representaciones. Muchos personajes aparentemente iguales, compartiendo escenario y sumidos en un proyecto común aunque ajenos los unos de los otros. La sensación de falta de contacto humano los transforma en firmes aspirantes a autómatas. Una de las condiciones favoritas para la aparición de lo siniestro.
La última de las series, Teenage Stories, es la más onírica, aunque quizás y a pesar de la brutalidad de algunas imágenes, es la que en menor medida despierta en nosotros este sentimiento. En parte porque desde el principio nos sabemos espectadores de un mundo fantástico (la niebla, los castillos, la oscuridad), y eso, nos dice Freud, disminuye el contraste entre los dos sistemas de pensamiento. Aún así, de nuevo nos encontramos con deformaciones de la realidad que no nos son cien por cien ajenas. Véase la desproporción entre el cuerpo y el paisaje. El niño que mira al adulto como si fuera un gigante, paradójicamente, durante la adolescencia, el mundo y el cuerpo vuelven a ser vistos como algo ajeno, dando cuenta de las dificultades de reencontrar un espacio psíquico que ubique la renovación del empuje pulsional.
En definitiva, la composición fotográfica de la artista es el soporte ideal para dar rienda suelta a lo siniestro. Esta confrontación a golpe de imagen entre lo cotidiano y lo bizarro, permite que el sentimiento emerja inmediatamente, a diferencia de otros soportes artísticos como la literatura o la pintura. La intuición de la artista hacia las experiencias humanas y universales de índole profunda encuentra una resonancia en el pensamiento freudiano.
Algunas de estas fotografías están ahora mismo en la Fundación Caja Madrid, con motivo de la exposición conjunta, Heroínas, de esta fundación y del Museo Thyssen-Bornemisza.