miércoles, 24 de agosto de 2011

Ojos negros y el amor






La película Ojos negros dirigida por Nikita Mihalkov y basada en tres cuentros de A. Chejov, está rodada en 1987, sin embargo recrea la época de principio del siglo XX. En el café de un barco, dos extraños se encuentran: uno de ellos- el italiano Romano Petroni (Marcello Mastroianni)-, desplegará la historia de su vida al tiempo que el ruso le escucha atentamente, atrapado por la magia de un personaje encantador y carismático.

Romano es un arquitecto que vive alejado de la profesión, su esposa es una rica heredera y ambos comparten una existencia plácida rodeados de sus hijos. Agobiado por la fuerza de la rutina y la decadencia en su matrimonio, Romano huye a un balneario con el pretexto de una cura para las piernas. Allí conocerá a Anna, una joven rusa que viaja acompañada por su perrito. Ambos inician una relación aparentemente inocente, apoyada en los relatos mágicos de él y la ingenuidad y la timidez de ella. Anna es más joven y vive en un pueblecito de Rusia, está casada con un hombre rico al que no ama, pero al que le es fiel. Fidelidad que rompe la noche en la que toma conciencia del peso de su felicidad con Romano. Enardecida por lo ocurrido regresa de nuevo a su casa dejando una carta de amor al pobre Romano, que a partir de ese día se da cuenta de la proporción de su amor por ella.

El objeto de amor de imposible

No hay amor más puro que el que se ha perdido. Todos los seres humanos estamos condenados a dejar atrás al primer amor, la madre. En un inicio el amor de madre es el que nos permite hacernos personas, es el resorte que más tarde nos permitirá ser autónomos. Sin embargo todos los neuróticos pagaremos un precio: la fantasía. Si cuando somos bebés disfrutamos de la placidez de sabernos reconfortados por el calor y el alimento materno, más tarde por su protección y seguridad. ¿Por qué renunciar? ¿Qué fuerza impulsora nos empuja a abandonar sus brazos y su cariño incondicional? Varias que confluyen en una: la cultura. Los hombres necesitamos salir para poder conocer otros mundos, que serán siempre subproductos en nuestra cabeza del primero, pero que irán enriqueciendo los sucesivos encuentros con otros y con nosotros mismos. El que no sale está condenado a la locura, habrá renunciado a una fantasía para abrazarse a la realidad más desoladora.

Digamos que la fantasía es como el premio de consolación, en la búsqueda de ese amor y en la confirmación de nuestra imposibilidad para poder encajar con una pareja y fusionarnos hasta caer exhaustos, la fantasía es la prueba personal de que en algún lugar es posible encontrar nuestros deseos.

Suerte que la vida a veces nos da alegrías y nos muestra que en ocasiones nos salen las cosas, y que somos capaces por un instante de ser tan valientes como un héroe mitológico. Así Romano inicia su viaje de regreso liviano -"por una vez liberado del peso de su conciencia"- vuelta a Italia a romper con un pasado en el que ahora no se ve reflejado. Con una promesa de amor por cumplir, con un deber que le hace estar vivo, sabiendo que persigue su deseo y dispuesto a hacerse con él. No es baladí que en ese momento recuerde una nana que su madre le cantaba, y que suena con la fuerza de la nostalgia en una secuencia preciosa.

Qué pena nos da a los espectadores comprobar que la realidad es un fardo pesado, y que cuesta transformarla, y que el mayor obstáculo está dentro de uno. No son los otros, ni las circunstancias, somos nosotros con nuestros miedos y nuestras dudas. Y por qué no, también con esa seguridad que adoramos encontrar en lo familiar.

Pero somos cautos y nos da reparo juzgar a Romano: pues ¿quién es libre del todo? ¿Quién sabe con profundidad qué le está pidiendo a la vida? ¿Tendría sentido dejar atrás una existencia cómoda por una incierta? Y es que: ¿Verdaderamente queremos obtener lo que deseamos?

martes, 19 de abril de 2011

Julia Fullerton-Batten y Lo Siniestro




La obra de Julia Fullerton Batten está dividida por series de composiciones fotográficas, unidas cada una por una temática, pero englobadas todas ellas por el sello personal de esta fotógrafa, su técnica y su estilo.

Trataremos de acercarnos a una comprensión más profunda de su obra, a partir de tres de sus series: In BetweenTeenage Stories School Play, apoyados en el artículo de S. Freud, Lo siniestro, 1919.

Freud se aproxima a lo siniestro, primero de todo, tratando de buscarle un sitio entre el espectro de los sentimientos, para luego darle un lugar en la génesis.  Pues bien, lo siniestro, estaría entre la angustia y el terror, y su seña particular es que se desencadena cuando las leyes del intelecto se ven cuestionadas por otro sistema de pensamiento: el infantil.

Digamos que la artista concentra todos los elementos que se requieren para despertar lo siniestro: hiperrealismo y cotidianidad junto con la alteración de alguna ley fundamental de nuestro sistema de pensamiento actual. Con lo que el espectador es engañado en su juicio de realidad. Es muy importante señalar que dentro de las artes plásticas, sólo la composición fotográfica permite emerger con tanta intensidad, ya que cuando nos movemos dentro del terreno de la pintura, desde el inicio sabemos que asistimos a una creación artística y por tanto alejada de la realidad. Sin embargo, la fotografía es fantástica y es real, nos da una base muy propicia para dejarnos engañar.

En su artículo sobre lo siniestro, Freud comienza buscando la raíz de la palabra en alemán “Umheinlich” para llegar a la conclusión de que lo Heimlich (conocido, familiar, doméstico, de confianza, íntimo) pertenece a dos tipos de representaciones totalmente opuestas: lo conocido y familiar versus lo clandestino y oculto. Llegando al punto de que el significado de Heimlich ha podido confundirse con el de su opuesto Umheinlich, más que confundirse, la palabra alemana Heimlich ha sido utilizada indiferenciadamente.

Punto de partida de Freud, para poder explicar que ambos significados tienen el mismo origen. Y que lo siniestro se gesta en lo cotidiano.

Y es que en un principio gobernaba un sólo sistema de pensamiento, el de la omnipotencia, en el que volar era posible, en el que creímos que en una fuerza superior capaz de conjurar la muerte, donde no hay barreras entre lo animado y lo inerte, donde las transformaciones espacio y tiempo no estaban sometidas a ninguna ley. Más tarde, y empujados por la fuerza de la realidad, nos vimos obligados a desalojar este sistema por el del juicio científico, el de la razón. Freud matiza y pone el énfasis en el término de represión como desalojo de estos contenidos y no la cancelación de los mismos. Lo que viene a aclarar que éstos siguen estando presentes, pero que se ven reducidos, minimizados en nuestros procesos de pensamiento.

La aparición de lo siniestro es el resultado de un error de pensamiento. Si bien, algo de la realidad externa o interna, viene a cuestionar la primacía del pensamiento racional. Primacía de un pensamiento que está puesta en jaque, y que con la aparición de lo siniestro, se pone de manifiesto un conflicto entre dos categorías de pensamiento. Como bien, aclara Freud, si no quedara los restos de ese convencimiento de lo infantil, no aparecía el sentimiento de desagrado, de inquietud, que representa lo siniestro.

Pasaremos a mirar con detenimiento cada una de estas series de composiciones fotográficas:

In Between es una serie cuyas protagonistas son mujeres, adolescentes que levitan en escenarios interiores, suspendidas en un tiempo y rodeadas de lo cotidiano. Los objetos que las acompañan son diversos, pero todos pertenecientes al mundo familiar: espejos, vajillas, peluche, o un vaso de leche. Ellas, heroínas del instante que vencen la fuerza de la gravedad para llegar hasta el espectador, suspendidas en el aire.

Hay dos factores fundamentales para la aparición de lo siniestro. El primero, y más evidente, es el de trasgredir la fuerza de la gravedad. Cualquier adulto con suficiente memoria infantil puede recordar con qué fuerza fantaseó alguna vez que podía volar, que podía dominar el espacio. Muchos niños sueñan con eso.

El segundo factor es el escenario de la adolescencia. Si bien, durante esta época hay una lucha intensa por reafirmar la victoria del pensamiento racional, el adolescente aún sigue próximo -por lo menos en el tiempo- al reino infantil, su sistema de pensamiento está desalojando, reprimiendo, contenidos infantiles. Sin embargo, hay situaciones en las que por asociación o similitud, pueden atraer a la conciencia parte de esos contenidos reprimidos, despertando de nuevo esa sensación de extrañeza dentro de familiar.

Como se ha comentado antes, uno de los componentes que facilitan en esta obra la aparición de lo siniestro, es el escenario familiar e hiperrealista. Pero, en In Between, esta fuerza es aún mayor, dado que los interiores pertenecen a casas, donde lo íntimo de una habitación nos transporta a una atmósfera familiar, caldo de cultivo, de los complejos infantiles reprimidos y reactivados durante la adolescencia.

School Play o la alteración de la repetición. Otro de los puntos donde se apoyará Freud para explicar el origen de lo siniestro, es en el personaje del doble y la repetición. En cada fotografía de esta serie, volvemos a ubicarnos en un entorno conocido: la escuela. Hábilmente la artista rescata la parte más familiar de este contexto, como es el comedor, la biblioteca o el gimnasio. Ahora por cada foto, hay entorno a veinte chicas que a primera vista parecen la misma, sin embargo, si se les dedica unos instantes, el espectador comprueba que son diferentes. Aunque lejos de tranquilizarnos, continuamos preguntándonos el sentido de tal concentración de púberes cortadas por el mismo patrón, compartiendo espacio y tiempo. A pesar de los rostros serenos, la tensión reina en el ambiente y la inquietud de lo siniestro campa a sus anchas.

A partir de un trabajo de Otto Rank de 1914, Freud reflexiona acerca de lo ominoso que hay en el doble. Éste viene a negar la castración, la posibilidad de su existencia abre la puerta a la negación de la muerte. Es una especie de seguro de vida dentro de nuestro narcisismo primario, de nuestro amor propio de niños. Sin embargo, cuando superamos esta fase, el doble se convierte en lo contrario, y es el anunciador de la muerte. Una vez más, vemos como lo siniestro nace de lo que una vez convivió con nosotros, pero retorna con otro signo. Cómo lo Heimlich y lo Umheinlich vuelven a ser uno.

La repetición es fuente de nuestra vida pulsional, felizmente reconducida por la cultura en el mejor de los casos, pero en todos ellos acechados por esta fuerza. En estas composiciones esta fuerza nos golpea no tanto por el contenido de la representación sino por la cantidad de representaciones. Muchos personajes aparentemente iguales, compartiendo escenario y sumidos en un proyecto común aunque ajenos los unos de los otros. La sensación de falta de contacto humano los transforma en firmes aspirantes a autómatas. Una de las condiciones favoritas para la aparición de lo siniestro.

La última de las series, Teenage Stories, es la más onírica, aunque quizás y a pesar de la brutalidad de algunas imágenes, es la que en menor medida despierta en nosotros este sentimiento. En parte porque desde el principio nos sabemos espectadores de un mundo fantástico (la niebla, los castillos, la oscuridad), y eso, nos dice Freud, disminuye el contraste entre los dos sistemas de pensamiento. Aún así, de nuevo nos encontramos con deformaciones de la realidad que no nos son cien por cien ajenas. Véase la desproporción entre el cuerpo y el paisaje. El niño que mira al adulto como si fuera un gigante, paradójicamente, durante la adolescencia, el mundo y el cuerpo vuelven a ser vistos como algo ajeno, dando cuenta de las dificultades de reencontrar un espacio psíquico que ubique la renovación del empuje pulsional.

En definitiva, la composición fotográfica de la artista es el soporte ideal para dar rienda suelta a lo siniestro. Esta confrontación a golpe de imagen entre lo cotidiano y lo bizarro, permite que el sentimiento emerja inmediatamente, a diferencia de otros soportes artísticos como la literatura o la pintura. La intuición de la artista hacia las experiencias humanas y universales de índole profunda encuentra una resonancia en el pensamiento freudiano.



Algunas de estas fotografías están ahora mismo en la Fundación Caja Madrid, con motivo de la exposición conjunta, Heroínas, de esta fundación y del Museo Thyssen-Bornemisza.

De todas formas, en la página Web de la artista está colgada toda su obra: www.juliafullerton-batten.com/


Cecilia Caruana

miércoles, 13 de abril de 2011

El paseo




El paseo, Robert Walser

El paseo es el alegato de un melancólico cuya mirada nos desliza al mundo de los grandes pequeños detalles, que sólo el paseante experto puede advertir.

Este es un libro lleno de momentos de humor, con viandantes, tiendas, casas por fuera e interiores con simpáticos personajes. Es un libro de tanta belleza como podamos imaginar, como la que nos encontraríamos al pasear por la tierra de las ensoñaciones.

Y es que es la pena del observador que entiende que el mundo que contempla ya no le pertenece más.

martes, 5 de abril de 2011

Canino




Canino es la pieza dental que se utiliza para romper y desgarrar. Y Canino (Kynodontas) es el título de esta película, dirigida por el griego Yorgos Lanthimos en el 2009.

“Un niño puede salir de casa...cuando se le cae el canino derecho”

La tensión argumental oscila entre el humor negro, el desasosiego y el terror psicológico. Es la historia de unos padres, que de forma voluntaria construyen un mundo imaginario para sus hijos, un mundo aislado de todo contacto con el afuera. Este afuera está representado por el peligro, el dolor y la muerte. Por lo tanto, solo dentro de las limitaciones de su linda casa podrán sentirse a salvo.

Los tres hijos del matrimonio rondan la treintena y no tienen un nombre: dos niñas y un niño (y sí, son niños en cuerpos adultos) que conviven en un ambiente estructurado como una academia militar, en el que el ejercicio físico y la bizarra formación que sus padres imponen, rellenan los tiempos de sus rutinas. Nunca han traspasado los muros de su jardín, no conocen la televisión ni la radio, y mucho menos internet, un libro u otras referencias.

Claro que esta película comienza con la llegada de Christine, una empleada de la fábrica en la que trabaja el padre de esta familia, que es introducida por él mismo para satisfacer las incipientes necesidades sexuales del hijo varón. Sin embargo, Christine, despertará el interés de una de las hijas, que ávida por conocer qué se oculta detrás de los muros de su casa, empezará una breve relación basada en el intercambio, para colar primero palabras, y luego películas. Avivando el tormentoso anhelo por salir de su casa.

Es sumamente interesante la relación con los cuerpos, los tres hermanos son portadores de un físico atlético y resistente. Y sin embargo, ¡qué poca sensualidad hay en sus movimientos! Como si de soldaditos se tratara, mecánicos a veces, lánguidos y aburridos en otras. Uno no puede dejar de admirar sus figuras, pero no despiertan ningún deseo. Porque son como niños.

Como niños en el manejo que hacen de sus cuerpos, no sienten vergüenza ni pudor, puesto que no han accedido a la diferenciación sexual. La sexualidad de estos hijos encaja perfectamente con la definición freudiana de la sexualidad infantil: el niño es un perverso polimorfo, y esto no quiere decir otra cosa que no hay una primacía genital instalada, y cualquier parte del cuerpo puede ser blanco de una excitación.

El matrimonio -no podía ser de otra manera- comparte una vida sexual muy perturbada, en la que siempre hay un objeto distractor, que parece estar al servicio de alejarlos al uno del otro, para sumirse en un placer individual casi del orden de la masturbación. Qué duda cabe, que son una pareja loca, que en el transcurrir del film, y sintiéndose traicionados por Christina (desde el momento que ella encarna lo extrafamiliar), solucionan el problema de la descarga sexual de su hijo con una de sus hermanas.

Una de las preguntas que suscita esta película es la de qué significa crecer, qué procesos mentales se ponen en juego, y qué renuncias y ganancias hay de por medio. Si crecer supone el abandono paulatino de un mundo imaginario acompasado por la protección de unos padres maravillosos, también conlleva el descubrir la grandeza del afuera y de sus diferencias. Los seres humanos nos movemos en pasos, más o menos valientes, hacia la conquista de la autonomía. Este ir y venir de momentos progresivos y regresivos, desde que aprendemos a andar para dominar más tarde el lenguaje, que nos permitirá conquistar nuestro propio pensar.

Pero solos no podemos recorrer este camino. Algo puede detener el crecimiento, como en el caso de los hijos de Canino, y es que es condición del crecimiento, tener unos padres que nos permitan soltarnos de sus brazos cuando empezamos a caminar, que nos empujen a conocer otros hogares con funcionamientos y personajes distintos, con los que poder fantasear y representarnos el teatro de nuestra vida. Y sólo así, podremos dejar atrás y elaborar pérdidas como la del cuerpo infantil, para erogeneizar un cuerpo adulto y promisorio.

El mundo de afuera está lleno de referentes con los que nos identificamos y admiramos, a los que nos querremos parecer. Un poco de aquí, y un poco de allá, irá configurando una personalidad única que asienta sus raíces en lo familiar, pero que se enquista y muere si permanece allí.

En todo proceso de crecimiento hay pérdidas naturales, como la de los dientes. Pero si éstos no caen, habrá que arrancarlos.

Cecilia Caruana